sábado, 16 de abril de 2016

I still can't sleep.




La noche se presenta eterna, continuando la rutina el insomnio que siempre me ha acompañado no me deja descansar. Los pensamientos empiezan a surgir en mi mente como un torbellino. La soledad y el silencio evocan a la reflexión, acompaño esta vigilia con una música sugerente que evoca las calles de una ciudad ruidosa, donde cada cual sigue su destino por el triste asfalto, obviando de alguna manera al resto de personas de su alrededor. El olor de la lluvia da un toque de humedad a la atmósfera. Dejo que mi cuerpo se moje para que así se purifique de todo lo negativo que le rodea. La gente corretea en busca de refugio, continúo vagabundeando bajo la lluvia, mi ropa tiende a pegarse a mi piel, solo quiero sentir el frío del agua en mi interior.

La música se vuelve más intensa haciendo volver a la realidad de mi habitación oscura. Pueda ser que ese pensamiento evoque algún momento vivido o quizá soñado. Vuelvo a esa ciudad de nuevo a través de una curva sonora del saxofón, ahora tengo una sensación de soledad a mi alrededor. Me sumerjo en mi mente viendo la vida pasar a través de un retrovisor, esta ciudad conocida ha crecido de manera vertiginosa, ya quedan pocos lugares de antaño. A pesar de ello siempre vendrán a mi memoria rincones secretos donde olvidarme de todo. Muevo los dedos al compás de la intensa melodía, decido hacer un alto en el camino a ninguna parte. 

Las vistas desde allí me dejan abatida. Una ciudad tan enorme, llena de oportunidades y poblada de tanta tristeza. La luz de luna refleja la silueta de una pequeña ardilla roja entre los robles cercanos. Sus movimientos ágiles y rápidos hacen que se pierda por la copa con mucha facilidad. Quizá su vida se haya adaptado a la nostalgia y apatía a la que está expuesta. 

La música sigue fluyendo sigilosa entre callejuelas oscuras. Los últimos juerguistas caminan a trompicones con risas y grandes voces mientras van tambaleándose unos sobre otros. Mantengo mi paso sosegado mientras a lo lejos veo que los primeros rayos de sol empiezan a observarse. Quizá sea hora de volver a casa.

Apago la música y abro los ojos, la habitación continúa igual, estoy temblando, mi ropa calada y llevo los zapatos. Creo que esta vez no sólo la mente ha sido la viajera...

jueves, 31 de marzo de 2016

El camino que los sueños prometieron.



Comienzo esta nueva andanza por la red de la mano de una música que me cautivó hace mucho tiempo. En uno de los viajes en que la vida te lleva me topé con este tango.  Ya en los primeros compases se puede apreciar la elegancia de una música que se va deslizando y llega a puntos álgidos donde el dolor y los sentimientos se desbordan. 


Un tango lleno de pasajes donde la música se asemeja a los pies danzarines haciendo ochos y otros movimientos sugerentes. Como los pliegues de la ropa que se van desplazando y que junto con la coreografía crean una bella composición.


Temática llena de dolor amoroso pero que deja una puerta abierta a la esperanza. Porque es conocido por todos la tristeza y dolor en este género, pudiendo recordarnos a otros estilos como el fado, la morna o nuestro exponente más cercano, el flamenco.


Uno  intenta a través del sufrimiento llegar a seguir adelante y ver que a pesar de “que la lucha es cruel y es mucha, lucha y se desangra por la fe que lo empecina”….


Han sido muchas las voces que han hecho suyo este tango pero he querido rescatar la versión de Valeria Lynch, ya que la voz femenina en el tango no es muy frecuente. Además, esta gran cantante posee un timbre hermoso y poderoso lo que otorga a esta pieza una musicalidad muy interesante para ser disfrutada.