La noche se presenta eterna, continuando la rutina el
insomnio que siempre me ha acompañado no me deja descansar. Los pensamientos
empiezan a surgir en mi mente como un torbellino. La soledad y el silencio evocan
a la reflexión, acompaño esta vigilia con una música sugerente que evoca las
calles de una ciudad ruidosa, donde cada cual sigue su destino por el triste
asfalto, obviando de alguna manera al resto de personas de su alrededor. El
olor de la lluvia da un toque de humedad a la atmósfera. Dejo que mi cuerpo se
moje para que así se purifique de todo lo negativo que le rodea. La gente
corretea en busca de refugio, continúo vagabundeando bajo la lluvia, mi ropa
tiende a pegarse a mi piel, solo quiero sentir el frío del agua en mi interior.
La música se vuelve más intensa haciendo volver a la
realidad de mi habitación oscura. Pueda ser que ese pensamiento evoque algún
momento vivido o quizá soñado. Vuelvo a esa ciudad de nuevo a través de una
curva sonora del saxofón, ahora tengo una sensación de soledad a mi alrededor.
Me sumerjo en mi mente viendo la vida pasar a través de un retrovisor, esta
ciudad conocida ha crecido de manera vertiginosa, ya quedan pocos lugares de
antaño. A pesar de ello siempre vendrán a mi memoria rincones secretos donde
olvidarme de todo. Muevo los dedos al compás de la intensa melodía, decido
hacer un alto en el camino a ninguna parte.
Las vistas desde allí me dejan abatida. Una ciudad tan
enorme, llena de oportunidades y poblada de tanta tristeza. La luz de luna
refleja la silueta de una pequeña ardilla roja entre los robles cercanos. Sus
movimientos ágiles y rápidos hacen que se pierda por la copa con mucha
facilidad. Quizá su vida se haya adaptado a la nostalgia y apatía a la que está
expuesta.
La música sigue fluyendo sigilosa entre callejuelas oscuras.
Los últimos juerguistas caminan a trompicones con risas y grandes voces
mientras van tambaleándose unos sobre otros. Mantengo mi paso sosegado mientras
a lo lejos veo que los primeros rayos de sol empiezan a observarse. Quizá sea
hora de volver a casa.
Apago la música y abro los ojos, la habitación continúa
igual, estoy temblando, mi ropa calada y llevo los zapatos. Creo que esta vez
no sólo la mente ha sido la viajera...